
Superstar.
Uno recuerda las veces que nació. Una de las veces que yo lo hice fue el 23 de mayo de 2002. Esa noche, creo que por Cinecanal, dieron Superstar, comedia de Bruce McCulloch que era un vehículo para el lucimiento de Molly Shannon. Bueno, luego entendí eso. Eso de la cantera del Saturday night live, de cómo los que pasan por allí luego tienen la chance de protagonizar una película y de cómo eso, de funcionar, les promete una trayectoria reluciente en el cine. Aparentemente no pasó con Shannon, que luego tuvo apariciones de reparto pero nunca ese protagonismo. Digamos que hasta entonces mi educación cómica había sido con la década del 80 y parte de los 90 de Steve Martin, amo las comedias de los 80’s del trío ZAZ, El superagente 86 en la televisión y en la Argentina me había sumado al club de los Cha-Cha-Cha y demás absurdeces. Pero Superstar me llevó a otro nivel.
Ojo, ya había visto Austin Powers, también Little Nicky. Me había reído, pero tal vez sin comprender. O sin entender el entramado de complejidades que significaban estas comedias que se me iban a presentar con el tiempo. Fue pues con la aparición de Sky Corrigan que la revelación se hizo presente. Corrigan es la primera noticia que tuve en mi vida sobre un tal Will Ferrell. Corrigan era un estudiante de secundario, el galancete del curso, por el que Shannon moría. Corrigan inventaba unos pasitos singulares. A la distancia recuerdo dos: la máquina de fax y el molinillo de café -o algo por el estilo-. Ferrell hacía también allí de Jesús. Su humor no era algo convencional, recurría a la fisicidad del comediante tradicional pero le incorporaba desde lo gestual y desde el lenguaje una serie de referencias que pulverizaban lo visto hasta allí. Era otra cosa. Como todo lo bueno que es nuevo, no lo podés explicar muy bien, pero por algún motivo en particular te seduce y te fascina.
Se podría decir que a partir de Sky Corrigan comencé a interesarme por Adam Sandler, por Ben Stiller, por Mike Myers. Luego uno comenzó a leer, a informarse, a interiorizarse, descubrió que lo que a uno lo mataba de risa y le daba sumo disfrute era una rara especie de placer culpable. Hasta que llegó la canonización, Sandler fue considerado un autor, Will Ferrell el genio oculto y llegaron los reconocimientos críticos: Nueva Comedia Americana, la llamó alguna revista. Y luego vinieron de a piñas: los Steve Carell, los Seth Rogen, los Vince Vaughn, las Tina Fey, los Justin Long, los… Son muchos. Muchos que son conocidos y otros tanto que te podés encontrar por ahí. Algunos que se estrenan en el cine y otros tantos que acá apenas se editan en dvd. Si se editan.
En I love lamp, cita a uno de los más grandes personajes que dio el cine, Brick Tamland, y a una de las joyas de la casa, The Anchorman: the legend of Ron Burgundy (El reportero, 2004), nos proponemos ir repasando todas esas comedias, personajes y protagonistas que nos encantan. Basta de presentaciones, ya iremos ahondando en el por qué de la fascinación. Y si a usted no le causa, sinceramente, lo lamentamos por su pobre sentido del humor. Go fuck yourself, San Diego.
LO QUE SE DIJO